Érase una rosa, una bella rosa, anhelante rosa, ardiente como el fuego, como el fuego de dos que son uno al unir sus labios en un húmedo y apasionado beso, deseo sobre deseo, beso sobre beso, alma sobre alma, cuerpo sobre cuerpo…
Y te miro, se que eres tú, aquella en la que en los espejos de mis sueños veo y contemplo, aquella que con su azul mirada profunda me mira y me seduce, y te miro y te contemplo en cada uno de mis sueños, sueño contigo, y te veo, y te doy algo que te guardo con dulzura…
Érase una rosa…
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